El Lago de Martiánez recobra nuevos bríos tras una delicada transformación y retorna a la vida después del letargo, que no la muerte, como me ha parecido escuchar en su reinauguración. Un anticipo de lo que en abril se mostrará al público cuando acabe la rehabilitación, que mantiene en su esencia el espíritu de César Manrique. Como hace 28 años, la Isla Central del Lago exhibe con fuerza su primigenia imagen, con infraestructura y equipamiento de calidad, capaz de enamorar al turista más exigente. El esfuerzo bien vale la pena y el Puerto de la Cruz se lo merece. EL DÍA, 7 agosto 2005
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