El Puerto de la Cruz es conocido como la primera ciudad turística de Canarias. Un municipio, con apenas 8,89 kilómetros cuadrados de territorio, está situado en el Valle de La Orotava, al Norte de Tenerife, la mayor de las siete islas del Archipiélago. La población de derecho oscila entre los 26.000 y los 28.000 habitantes, mientras que la flotante ronda los 40.000. Su Producto Interior Bruto (PIB) proviene del sector turístico y comercial. Cuenta con un promedio de 27.000 camas hoteleras y extrahoteleras, con una media anual de 850.000 visitantes. Su suelo es de origen volcánico, como el resto del territorio insular. En 1430 tuvo lugar una emisión de lava, con la erupción que dio lugar a la Montaña de La Horca (Las Arenas), La Montañeta y Granadillar (estas dos últimas, en Los Realejos).
Poblado de Pescadores En sus orígenes (Siglo XVI) fue un poblado de pescadores. Su condición de pueblo abierto y cosmopolita ha sido compatible con la conservación de su ambiente primigenio y tradicional, como se puede constatar en sus calles y edificios públicos y privados, civiles y religiosos. La actividad económica del municipio ha estado ligada al tráfico marítimo y comercial, a través de su muelle, por donde entraban los productos de primera necesidad y de lujo destinados al consumo interior, y se exportaban los frutos procedentes de la agricultura. Esa función influirá en el ámbito económico y urbano y, profundamente, en la sociedad y cultura de la población. Abierto a Europa y el Mundo La presencia de comerciantes y aventureros extranjeros, sobre todo, irlandeses, ingleses y portugueses, dotará al Puerto de la Cruz de una actitud abierta a las vanguardias del pensamiento filosófico, político y artístico europeos. Esta circunstancia se constata al examinar la trayectoria científica y artística de hijos ilustres del municipio como Agustín de Bethencourt y Molina (1758-1824), que fue ingeniero del zar Alejandro I de Rusia, Luis de la Cruz y Ríos (pintor de Cámara del rey Fernando VII), los hermanos Iriarte: Tomás (literato), Bernardo (político) y Domingo (diplomático), el gramático Juan de Iriarte y Cisneros, los pintores Manuel de la Cruz y José Tomás Pablo, el escritor Agustín Espinosa (1897-1937), y Juan Reyes Bartlet (músico). La producción y comercialización del vino serán dos ejes fundamentales en el desarrollo social, demográfico y económico durante los siglos XVII y XVII, que darán origen a la formación de la estructura urbana del Puerto de la Cruz. Su escaso, pero valioso patrimonio histórico-artístico y monumental, le imprime un carácter propio, un aire acogedor y entrañable. Llave de la Isla El rey Felipe IV llamó al Puerto de la Cruz Llave de la Isla por la importancia comercial que adquirió su puerto siglos atrás. Desde su muelle zarpaban los barcos con los afamados vinos que tanto apreciaban las familias aristocráticas de Inglaterra. Con la construcción del puerto capitalino, el Puerto de la Cruz perdió definitivamente el protagonismo en el tráfico marítimo y comercial. Su actividad se perdería definitivamente en 1936, circunscribiéndose a la función de abrigo pesquero. Toda esta información y mucho más, en www.la-ranilla.com |
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